Cristino, Cristino

En el último pleno municipal del mes de julio hubo ciudadanos que además de estar allí hasta las cuatro de la tarde para ver las salvajes subidas de tasas e impuestos que se fueron una detrás de otra aprobando, también pudimos volver a comprobar la actitud de algunos de nuestros concejales.

Ya está harto denunciado como los hay que pasan buena parte de su tiempo haciendo uso de sus smartphones, pero siempre es costumbre que sea el concejal de comercio Cristino Díez el que se lleva la medalla de oro al más distraído, el que menos interés demuestra hacia lo que allí se está discutiendo, y que por tanto más falta al respeto a los ciudadanos a los que representa como concejal.

Por señalar algunas de las tareas en las que estuvo enfrascado en el largo rato que le estuve observando (y me dejo unas cuantas en el tintero), se dedicó a:
- Dibujar en una libreta.
- Ojear la revista Plaza Mayor.
- Leer el periódico Gente, con especial atención a los anuncios clasificados.
- Observar los invitados e invitadas que acudieron a una boda celebrada en el mismo Ayuntamiento, haciendo gestos que parecían indicar que le gustaban los vestidos que lucían algunas de ellas.
- Apremiar para que se acortasen los tiempos de discusión, puesto que como en agosto no se celebra Pleno, el de julio se extendió hasta casi las cuatro de la tarde, lo que sin duda le molestó.
- Degustar una piruleta.

Por el contrario, para lo único que realmente tenía que hacer por fuerza, que es levantar la mano para aprobar o rechazar los diversos puntos propuestos en el orden del día de acuerdo a la posición adoptada por su grupo municipal, en varias ocasiones ni se molestó en hacerlo.

Y no fue el único.

 

Autor: Diego

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